Efectos de la cultura popular en los viajes: cómo deseamos conocer un país a partir de nuestras referencias

Efectos de la cultura popular en los viajes: cómo deseamos conocer un país a partir de nuestras referencias 

 

Bob Marley. Eso es lo primero que dice la gente (normalmente) cuando uno menciona Jamaica. Reggae, pero, sobre todo, Marley. Y si el interlocutor no sitúa la capital en Kingston, no pasa nada. Es capaz de reconocer uno de sus barrios, Trenchtown, nada más escuchar el nombre. Porque ya lo decía la canción: “I remember when we used to sit in a government yard in Trenchtown”.

Estamos hechos de referencias formadas por libros, películas, canciones, cuadros y momentos vividos. Cada uno de esos recuerdos forma parte de nuestra identidad y nuestro conocimiento. Y ellos nos incitan a querer saber más. Nuestras referencias potencian nuestra curiosidad.

Ya hemos hablado de la influencia que tiene el cine en el turismo. Pero la cultura popular abarca mucho más. Hay quien viaja a Florencia sólo para recorrer la Via del Corno tras haber leído a Vasco Pratolini y su Crónica de Pobres Amantes. Y nadie visita Escocia sin que algún conocido le pregunte si va en busca del monstruo del Lago Ness. Queremos ir a Nueva York y ver los taxis amarillos y, en Londres, subir a los autobuses rojos. Y aspiramos a vivir en una película de Miyazaki cuando desembarcamos en Tokio. Más allá de los interesados en profundidad en los destinos, las referencias mundiales ayudan a situar un lugar en el mapa y dotarle de un aura de la que se puede aprovechar la localización en cuestión.

Para ello, es necesario que el destino sea consciente de qué elementos de su cultura han pasado a formar parte del resto del mundo y cómo puede potenciarlos sin convertir lo especial en una caricatura –hacer de un referente universal un parque de atracciones no está tan alejado de la realidad-. Una gran campaña turística como ésta de Noruega puede presentar sus mejores atractivos mientras consigue que un cuadro reconocible a nivel global y, por tanto, por muchos viajeros potenciales, quede unido a su país. O ésta, en la que Irlanda no sólo se aprovecha de una fiesta nacional celebrada de forma internacional, San Patricio, sino también de uno de sus mayores referentes: Liam Neeson. Porque… ¿qué mejor lugar para celebrar el 17 de marzo que la isla esmeralda en la que éste ha nacido?

Y después, como ejemplo redondo de cómo usar la cultura popular para promocionarse sin miedo a caer en el cliché, tenemos a Nueva York con la campaña que, en cada microsegundo, apuesta por cualquier referencia a cualquier idea que el viajero tenga de la ciudad –hasta hay una meta-referencia al propio arte pop-.

Es muy importante que el usuario tenga algún tipo de idea sobre qué sucede, ha sucedido o sucederá en un lugar. Y es muy importante que los destinos abracen las referencias que tienen siendo conscientes de lo que les aportan. Por eso se asocian destinos a ciudadanos ilustres de su país, por eso existen film comissions y por eso una canción o un cuadro con una situación concreta ayudan tanto a la localización en cuestión.

Y si no que se lo digan a Belice que, tras una frase aleatoria en Breaking Bad en la que, a la hora de cargarse a un personaje, metafóricamente decían que “le iban a enviar a Belice”, montó una campaña turística entera aprovechando que alguien les ponía en la mente del consumidor.

Por Claudia Lorenzo

@Mariclo1985

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