Sri Lanka, la perla del Océano Indico

La roca de la fortaleza del León Sigiriya en medio del bosque en la isla de Sri Lanka

Uno de mis viajes más destacado en el suroeste asiático fue la isla de Sri Lanka, un espectacular lugar para el turista activo en busca de la aventura. Fue mi primera experiencia en solitario después de terminar mis estudios universitarios, y llegué al país con nervios y emoción, dejando atrás familia y amigos, lanzándome con todas mis ganas hacia lo desconocido. Como podéis imaginaros resultó ser una de las mejores experiencias de mi vida, descubriendo un país fascinante que jamás podré olvidar.

Inicié mi viaje en Arugam Bay, ubicado en el este del país, es una parte de la isla que alberga una comunidad mayoritariamente musulmana. Recuerdo despertarme cada mañana sobre las 4 con los sonidos de la llamada a la oración, para levantarme e ir a surfear. Aunque parezca increíble, el amanecer, con sus colores espectaculares es la mejor hora del día para estar en el agua, y disfrutar de olas casi en solitario.

Después de surfear en Elephant Rock

En Arugam teníamos acceso a las mejores playas de la isla para hacer surf como Whiskey Point, Main Point y “Elephant Rock”, cuyo nombre procede del parecido de la roca con la forma de un elefante. Además de sus espectaculares playas, el centro del pueblo está lleno de bares y restaurantes, con un ambiente muy animado por las noches.

A la hora de planificar un viaje a Sri Lanka es muy importante tener en cuenta las diferentes estaciones. El periodo de lluvias, muy fuerte en el este de la isla, entre los meses de octubre y marzo, y el periodo de sequía, que abarca el resto del año. Como llegué a Arugam en octubre, para evitar el monzón me trasladé al oeste del país, a Ahangama, uno de los pueblos que ha sufrido un incremento gradual de turistas en los últimos años. En esta región también se encuentra la ciudad de Welligama, donde se suelen hospedar la mayoría de los turistas.

Para los que buscan una experiencia más relajada, lejos de las masas de visitantes, recomiendo Ahangama. Aquí se encuentran muchos “surf camps”, incluyendo el “Ticket to Ride Surf House” donde me alojé durante mi visita, una impresionante casa con increíbles vistas desde su “rooftop”, desde donde puedes disfrutar cada mañana tomando un café y analizando las olas de las playas locales.

Además de las playas, Sri Lanka ofrece una gastronomía fantástica a precios imbatibles. Por 350 rupees (cerca de un euro) se puede disfrutar después de una mañana de surf, de una comida con diferentes tipos de curries de verduras y garbanzos con arroz, o de mi plato favorito, un “Kottu Roti” (un pan tradicional con orígenes indios), con huevo y revuelto con cebollas, chiles y especias.

Los desayunos también están para chuparse los dedos: Sri Lanka ofrece una selección de frutas locales increíblemente sabrosas como mangos, plátanos, sandia o mi favorito, el “coconut sambol”, un picante plato a base de coco rallado, mezclado con lima, cebollas, tamarindo y muchos chiles rojos.

Vistas al lado del “surf house”

Gran parte de la isla está cubierta de plantaciones de té, por lo que ningún turista se puede ir de la isla sin probar esta deliciosa bebida. Además, se ofrecen visitas guiadas a las plantaciones, como la de “Virgin White Tea Plantation” cerca de Ahangama. El clima fresco y neblinoso en esta zona es ideal para la vegetación y se puede ir caminando entre las plantas, observando su impactante paisaje verde.

Vista aérea Sri Lanka

El centro de Sri Lanka ofrece la posibilidad de realizar un recorrido en tren, desde Kandy hasta la ciudad de Ella, un recorrido de siete horas con unas vistas inigualables de los valles y las plantaciones. El tren es famoso por sus vagones antiguos y por sus puertas siempre abiertas que dejan aprovechar al máximo las vistas (¡pero hay que sujetarse bien, cuidado de no caer!).

En la ciudad de Ella se puede recorrer el “Little Adam’s Peak”. A tan solo una hora andando del centro de la ciudad, se encuentra la impresionante cresta formada por tres picos verdes que se elevan por encima del valle, pasando entre pueblos pequeños y plantaciones de té.

Si el “Little Adam’s Peak”, no fue lo demasiado exigente, podéis animaros con su hermano mayor, el “Big Adam’s Peak”, una aventura solo para los más apasionados de las vistas y las caminatas más difíciles. Para aprovechar al máximo el recorrido, y especialmente en temporada alta entre diciembre y marzo, os recomiendo para evitar las colas, madrugar a las 2 de la mañana para iniciar el paseo. Guiado por la luz de la luna, es una subida de más de tres horas con escaleras empinadas hacia la cima de la montaña.

Peak

Todo este esfuerzo merece mucho la pena en cuanto se consigue divisar las espectaculares vistas al amanecer, que iluminan todos los rincones del país, desde las costas del Oeste al Este, una experiencia inolvidable. Pero cuidado con no tener otros planes para el resto del día; ¡os quedarán sin duda unas hermosas agujetas!

 

Oscar Aston

Marketing Team

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