Perú, el nuevo lujo y los contrastes imposibles

Perú, el nuevo lujo y los contrastes imposibles

Vista panorámica en Machu Picchu

Perú es enorme, y enormes son sus contrastes. Desde desiertos salpicados de vegetación, hasta cocina elaborada sin fuego, sus contradicciones cautivan y sorprenden a cualquier viajero.

El lujo “clásico” es algo costoso y reservado. Una concepción más moderna hace referencia a la experiencia como auténtica y única. Si además se pueden tener varias experiencias así en un mismo país, parece un golpe de fortuna. Pero en Perú es posible, casi fácil. 

Aunque las distancias son enormes, algo habitual en Sudamérica, en Perú puedes contrarrestar esta adversidad viajando por las noches en autobús, sorprendentemente cómodos y equipados. De esta manera tienes la posibilidad de estirar el viaje y conocer destinos muy diferentes dentro del mismo país. Así es como descubres que Perú es como su famosa gastronomía, todo contrastes. 

Empezando por Lima, la capital, que es al mismo tiempo multiétnica y cosmopolita. Es el lugar perfecto para el primer impacto: la cocina también es “sin fuego”. El ceviche de corvina es cocinado solo con lima, o los tiraditos, cortes de pescado fresco más finos, son aderezados simplemente con una salsa de mango. Sabores únicos rematados con un cóctel que además lleva clara de huevo para seguir sorprendiendo: Os hablo de el Pisco Souer. Cuidado, tomar más de uno tiene sus riesgos… 

Este Pisco, licor de vino autóctono, nos transporta a uno de sus lugares de producción, el desierto de Ica. Entre paredes color adobe y grandes dunas nacen por doquier plantas de vid. Llama la atención el verde sobre el amarillo de la arena. Es difícil imaginar que es posible cultivar vino en mitad del desierto, pero los acuíferos de la zona lo consiguen. Por si fuera poco el lugar cuenta con el espectacular oasis de Huacachina rodeado de dunas donde practicar  snowboard sobre la arena, haciendo del lugar una mina de experiencias únicas. 

El Oasis Huacachina en Ica


El desierto de Ica y sus magníficas dunas

Hacia el sur seguimos descubriendo varios imposibles. En Nazca tienes que coger una avioneta para observar desde el aire dibujos milenarios hechos en la tierra. En Arequipa, a cientos de kilómetros del mar, hay salinas y montañas de sal. Hacia el interior, dirección este, está Puno, a orillas del lago Titicaca donde se puede coger un barco para navegar y tomar el sol en un yate a 4.000 metros de altura. En el mismo lago se puede conocer a los “Uros”, una comunidad indígena con los dientes blancos como la nieve por comer los juncos con los que construyen sus islas flotantes. Todo roza el surrealismo…

Salineras de Maras en Cuzco

Retomando la ruta hacia el norte, llegamos a Cuzco. Allí seguimos observando el constante doble juego del país. En la plaza de armas, en el centro de la ciudad, el Monumento al Inca mira de frente a la Catedral Católica. Capital del Imperio Inca y a la vez Ciudad “Castellana” de importancia histórica única. Hoy los legados de ambas aún conviven, con su actual “latinidad”, además, de ser el punto de partida del Valle Sagrado, hogar de decenas de aldeas y ruinas muy bien conservadas. Písac, Sacsayhuamán u Ollantaytambo son el preámbulo perfecto para el colofón, Machu Picchu. Como no podía ser de otra manera, hay que bajar en tren hasta Aguas Calientes, para subir a la ciudad oculta. Una ciudad que, aunque es mundialmente conocida, todavía hoy está llena de misterios y dudas, y nos sirve como despedida perfecta para esta ruta de constantes contrastes. Y es solo una de las posibles rutas, porque Perú aún tiene mucho más que ofrecer…

Aguas Calientes en Cuzco


Machu Picchu, una de las maravillas del mundo

Perú, es latino y sobrio. 

Es un lujo económico.

Es indígena e imperial. 

Es sabroso e inefable. 

Un país de paradojas tan abundantes que te recuerda dolorosamente que elegir es renunciar. 

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