La isla de Mona, donde Jesús y Yocahú se conocieron

La isla de Mona, donde Jesús y Yocahú se conocieron

Cueva Diamante en isla de Mona

La isla de Mona, pocas veces un lugar tan pequeño me ha venido a la memoria de manera tan recurrente.

Visité esta isla desierta poco después de terminar la universidad, atraída por la promesa de aventura que de seguro me esperaba en una expedición conformada por familiares y amigos, así como varios biólogos y geógrafos. La isla de Mona era, al fin y al cabo, esa parte tan misteriosa de Puerto Rico que aprendíamos a identificar en los mapas en el colegio, pero que muy pocos habían visitado. Por su delicado ecosistema, estaba prohibido viajar allí por cuenta propia y nuestra expedición sólo fue aprobada por tener un cariz científico. ¡Por fin descubriría la isla considerada como la Galápagos caribeña!

Precioso atardecer en Isla de Mona

Una vez resuelto los trámites y permisos requeridos y habiendo ‘charteado’ un barco con los pescadores del Puerto Real, en la costa suroeste de Puerto Rico, nos dispusimos a emprender la travesía del temido Canal de la Mona. Este estrecho separa la isla de Puerto Rico de la República Dominicana. A 74 kilómetros al oeste, imponente y majestuosa, se yergue desafiante la Mona con sus colosales acantilados de blanca piedra caliza precipitándose al mar.

Acantilados de piedra caliza en Isla de Mona

Una de las cosas que más me atrajo de esta isla desierta, santuario de especies endémicas como la gran Iguana de Mona, tortugas marinas y gran variedad de aves y flora, fue conocer que durante siglos fue de todo menos desierto. En tiempos precolombinos, la Mona fue un importante punto de encuentro para los indígenas caribeños. Se han descubierto en la Mona diez localidades arqueológicas que abarcan desde lugares de vivienda hasta áreas ceremoniales.

Iguana de Mona, especie única

Fueron los indios Araucos los originadores de la actividad humana en la Mona. Llamaban a la isla Imoná, en honor a un cacique arauco del mismo nombre. Vivían en cuevas y son éstas, precisamente, las que han jugado un papel primordial en la historia de la Mona, primero como vivienda para los indios y más tarde como guarida de piratas y contrabandistas como el célebre capitán William Kidd, perdido en la isla durante algún tiempo; Cristóbal Colón y Juan Ponce de León, el colonizador de Puerto Rico. Este último encontró en la Mona una fuente muy valiosa: que, aunque no la de la juventud, sí le suplió de los alimentos e indígenas esclavos que necesitaría para colonizar la isla de Borikén (Puerto Rico) en el 1508.

Buceo en cuevas de isla de Mona

Gracias a la insistencia del guardabosques destacado en la isla, Iván Vicens, al segundo día de nuestra estancia nos alejamos de las paradisiacas playas turquesa, para adentrarnos en lo que resultaría ser, curiosamente, lo más interesante de la isla: sus cuevas… Iván, nos contó que su preferida era la caverna conocida como “Las Caritas” y nos mostró algunas pictografías que identificamos fácilmente como taínas, pues se pueden ver similares en otras zonas de Puerto Rico. Nos confesó que cuando pasaba largas temporadas solo en la isla le gustaba adentrarse mucho más al corazón de las cavernas, a explorar, y que había visto “más caritas y dibujos raros”…

Espeleología en cuevas de isla de Mona

Años más tarde, (2016) leí perpleja que un grupo de arqueólogos del British Museum, junto a antropólogos puertorriqueños y de la Universidad de Leicester,  descubrieron en las cuevas de la Mona la primera muestra gráfica de sincretismo del nuevo mundo: junto a más de treinta pictografías indígenas hallaron símbolos cristianos e inscripciones en latín como “Dios os perdona” y “El verbo se hizo carne”, firmadas y fechadas por aquellos primeros visitantes españoles a la Mona, que a su manera reflexionaron sobre la crisis religiosa que les debió suponer el encuentro de esos dos mundos. Inevitablemente, vino a mi memoria lo que Iván tal vez nos quiso describir sobre sus incursiones al corazón cavernoso de la isla. De alguna manera, en la Mona, Jesucristo y Yocahú se dieron la mano.

Vistas desde cueva en playa de Isla de Mona

El recuerdo de esa expedición y el valor natural, histórico, y (ahora ya sabemos), también espiritual de la isla, me hace entender lo mejor de viajar: cuando conoces un lugar y te gusta, éste siempre será parte de ti volviendo a tu memoria de maneras insospechadas.

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