De algo estoy segura” dijo Alicia mientras doblaba el grueso jersey de lana irlandesa que Curro había dejado en el asiento del pasajero, “esto te va a sobrar”.

“Espero que te hayas traído ropa bastante amplia”, le dijo Alfredo a Curro según le vio salir de la sala de recogida de maletas del aeropuerto internacional de San Francisco.

– Bueno, ya sabes que los viajeros somos bastante cómodos vistiendo. En la maleta llevo un jersey de lana bien gordo, pero me han dicho que en California me va a sobrar. No entiendo tu pregunta…

– No te preocupes. Lo vas a entender en breve. De todas formas, y respecto a lo del jersey, San Francisco no es como el resto de California. Aquí refresca bastante. Mark Twain ya dijo que el invierno más frío que había pasado en su vida fue aquel verano en San Francisco. Así que no te va sobrar.

Con semejante carta de presentación Curro comprendió que esta etapa de su vuelta al mundo iba a ser algo diferente a lo que había pensado. Y con un cicerone tan pasional como Alfredo, no quedaba más que dejarse llevar y comprobar, en carnes propias, si eran ciertos los comentarios que había escuchado sobre el fino hocico de este periodista de viajes. 

“Me encantaría que nos alojáramos en el Fairmont San Francisco –dijo Alfredo en cuanto llegaron al Financial District–, ya sabes el escenario de la mítica serie de televisión Hotel. Pero debo advertirte: San Francisco es una ciudad cara. Quizás la más cara de California y de todo Estados Unidos. Así que he buscado un hotelito del centro, con habitaciones a 200 euros la noche con desayuo. Un auténtico chollo, te lo aseguro. Y con un ambiente de lo más abierto y cosmopolita. Bueno, como la ciudad entera, ya lo verás.” 

 Tras dejar las maletas en sus habitaciones, Alfredo preguntó a Curro: “¿tienes hambre?”.

– Bueno, un poco: el catering del avión no es que haya sido una maravilla… Aun así, te advierto: mis últimas etapas han sido bastante gastronómicas. ¡Incluida Irlanda! Así que estoy muy bien alimentado.

– Ja, ja, ja. Genial, entonces no habrá que perder las buenas costumbres. No sé si  lo sabías, pero San Francisco es uno de los destinos más gastronómicos de toda América. ¡Así que vamos a empezar con un buen lobster roll!

Por raro que parezca, estos bocadillos de bogavante (o langosta) son la estrella de la comida rápida en Estados Unidos. Y en San Francisco son célebres los de los locales de Fisherman’s Wharf. Curro empezó a salivar en cuanto los vio expuestos en los mostradores-reclamo de sus restaurantes. Pero nada como la sensación que experimentó al primer bocado: delicadeza y puro sabor a mar.

“Pues si te ha gustado esto, vamos a continuar hacia el Pier 39 y nos tomamos una clam chowder y, de paso, le hacemos una visita a los habitantes más ruidosos de la ciudad”, propuso Alfredo. 

Obviamente, a lo que se refería este periodista es a la célebre (y americanísima) sopa de almejas y otros pescados y mariscos, servida dentro de un pan redondo. 

Mientras la degustaban sentados en una de las mesas del encantador restaurante Pier Market, a Curro le llamó la atención el incesante ruido que llegaba desde fuera del local. “Son los lobos marinos”, le explicó Alfredo. “Vamos a verlos: son todo un espectáculo.”

Desde luego no le faltaba razón. La colonia de estos mamíferos que vive de forma permanente en el Pier 39 es tan abundante como ruidosa. Y suponen toda una sorpresa para aquellos que embarcan a diario para visitar la isla de Alcatraz, el célebre puente Golden Gate y resto de ciudades de la escenográfica Bahía de San Francisco.

-Bueno, pues ya está por hoy, Curro. Propongo que nos vayamos a dormir, mañana nos espera un día largo.

– No te voy a contradecir, amigo. Te puedo asegurar que estoy agotado… ¡No tengo fuerzas ni para tomarme la penúltima! 

La mañana siguiente amaneció soleada y cálida (sí, San Francisco también tiene sus días de verano, o mejor dicho, sus momentos). Así que Alfredo consideró que era una ocasión inmejorable para visitar dos de los parques más escenográficos de la ciudad. Por un lado, Alamo Square, flanqueado por las Pinted Ladies, las casas victorianas de coloristas fachadas en cuesta, y desde donde se disfruta de una de las mejores panorámicas al Financial District.

Por otro, Dolores Park, en Mision District que, durante los fines de semana es uno de los más divertidos, activos y multiculturales puntos de encuentro para los sanfransciscanos. 

Antes, Alfredo convenció a Curro para que se dieran una vuelta por el barrio con sus numerosas fachadas pintadas con artísticos graffitis, tiendecitas de diseño, galerías de arte y muchos restaurantes populares.

– Así, para ayudarnos a pasar la mañana, tienes que probar la comida de La Taquería. ¿Qué tal te llevas con la cocina mexicana?

– Bueno, me gusta y la soporto bastante bien, creo…

– Vamos a comprobarlo. Con paciencia, eso sí, que las colas suelen ser largas.

¡Y tanto! Pero tras media hora de espera, los dos viajeros lograron acomodarse (es un decir) en una de las mesas del local y pedir uno de sus enormes tacos. Tan auténticos y picantes como los que servirían en cualquier restaurante del vecino México. 

“Hasta ahora te he enseñado un San Francisco muy popular. Pero, Curro, no te puedes ir de aquí sin probar su alta cocina. Así que nos vamos a comer a China Town. He reservado mesa en un restaurante fascinante”.

Qué objetar ante semejante proposición. Y eso que a estas alturas del viaje, a Curro ya le apretaba de forma peligrosa el botón del pantalón…

– Ya entiendo por qué me comentaste, al llegar, lo de la ropa ropa amplia, Alfredo…

– ¡Pero si esto no acaba más que empezar! No te queda nada, amigo. Ja, ja, ja.

La visita a Mister Jiu’s, reconocido con una estrella Michelin, resultó agradable y seductora, gracias al ambiente del local y a su cocina fusión cantonesa-californiana.

Tan agradable como la propia zona donde se encuentra este restaurante: el barrio chino de San Francisco, que es el más antiguo de Estados Unidos y que mantiene su personalidad en buena parte de sus edificios y comercios, en muchos de los cuales apenas se habla otra lengua que no sea el mandarín. 

No muy lejos se encuentra el barrio de Nort Beach, o Little Italy, lugar ideal para tomarse un auténtico café “espresso” con un “amaro” en alguno de lo menos auténticos locales de la zona. Un barrio presidido por la Torre Coit, que es uno de los miradores más emblemáticos a la bahía y el resto de la ciudad. 

– Pues, nada, Curro: prepárate para el fin de fiesta. Vamos a ver qué nos prepara el amigo Mark Domen en su restaurante. Te va a encantar la experiencia.

– A estas alturas de la visita ya deberías saber que he perdido por completo la voluntad: puedes hacer conmigo lo que quieras. ¡Lo único que sabría hacer es abrir y cerrar la boca!

– Pues, advierto, a One Market, conviene ir con hambre.

Por supuesto, porque si enorme es el comedor de este restaurante, no lo son menos sus raciones. Además, con platos muy elaborados, abiertos a los sabores del mundo, con un brillante punto de creatividad y vistosas presentaciones. ¿Qué más se puede pedir?

– Como ves, no te mentía con lo del fin de fiesta. Pero antes de que te vayas, Curro, quiero que conozcas el que probablemente sea el barrio de San Francisco con más personalidad. Te voy a llevar a ver un espectáculo en Castro.

Desde luego, los shows de drag queens que se programan a diario en muchos de los locales de esta icónica zona, meca de la comunidad LGBTI mundial, son más que recomendables. Desde luego, también bastante artísticos. Y abiertos a quien quiera pasar un buen rato de diversión sin ningún tipo de prejuicios.

“Bueno, Curro, creo que habrás cogido bastantes fuerzas para tu próxima etapa. Ya me dijiste que vas a visitar algunos de los grandes parques nacionales de Estados Unidos. Me das mucha envidia, porque todos son fascinantes. Por mi parte, ha sido un placer compartir estos días contigo, amigo. 

Y, para demostrártelo, te he comprado estas galletas de la suerte en Chinatown. Espero que las profecías que contienen te sean propicias. ¡Buen viaje, Curro!

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